Ya llevo cinco días sin fumar desde la última tonta recaida (solo fueron dos días que fumé) con lo que si la pasamos por alto, ya va para mes y medio sin fumar.
Las reacciones del cuerpo al ir siendo liberado de la exclavitud de la nicotina son muy variadas según escuchas las experiencias de unos y otros.
Hay quien se asombra de la potenciación de la percepción de los olores y sabores. Hay quien siente que se le abren los pulmones. Hay quien recobra la alegría espiritual.
En mi caso, reconociendo que gozo de estas mismas percepciones, he advertir que ha habido un cambio en particular que me viene llamando la atención poderosamente. Y es que me siento un hombre-perchero, duro, largo, capaz de sostener, un hombre ariete, una punta de penetración. Vamos que ando más caliente que el palo de un churrero y que los pinclis de ahora no chingan sino borgotonean alcanzando alturas de lance de record de altura.

No hay comentarios:
Publicar un comentario