De vez en cuando recibes un impulso que te conduce a hacer gilipolleces. Es algo así lo que pasa cuándo se te mete en la cabeza que quieres ser fumador. Lo intentas una y otra vez, soportas mareos, naúseas, vómitos y demás ascos variados hasta conseguir colarle al cuerpo la droga humórea.
Esto lo haces de joven, cuando la vida nos molesta a todas horas y somos la versión contínua del jilipoyas de turno a todas horas.
Y lo más triste es que, según andan contando los medios de comunicación, esto aun sigue pasando y nuestros jóvenes siguen picando igual que lo hicimos muchos de nosotros.
Muchos me preguntan cuál es el método que he usaho para dejar de fumar y yo contesto que lo he dejado por medio del pensamiento. A dios gracias, la vida me ha dado un respiro laboral y he tenido ese tiempo reposado que he usado para pensar.
¡Pero qué malo hay que ser para hacerse rico vendiendo tabaco! ¡Demonios!
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